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EspaldaSalud: Información Médica de la Columna
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Tratamiento de la Artritis o Espondilosis

Los tratamientos que existen actualmente para tratar la artrosis de columna (espondilosis) no son capaces de revertir ni detener la degeneración de las articulaciones, pero sí son capaces en la mayoría de los casos de controlar los síntomas.

 

Los síntomas más importantes de la osteoartritis son el dolor y la rigidez articular. En los casos en que son intensos el objetivo del tratamiento será reducirlos hasta que se puedan realizar las actividades cotidianas (lo cual es aconsejable) e idealmente hasta hacer posible la rehabilitación.

 

Existen múltiples tratamientos para la osteoartritis de espalda. Normalmente se comienza por los menos agresivos y se va subiendo en la escala, aunque raramente hay que llegar a la cirugía.

 

Los tratamientos de primera línea incluyen cambios en el estilo de vida, terapias con frío y calor, fisioterapia y ejercicio, y el uso de algunos medicamentos.

Los cambios del estilo de vida más importantes son el descanso, el control de ciertas posturas, así como el control del peso corporal y el estrés. Cuando aparece una crisis de dolor es importante descansar, aunque no se recomienda permanecer en cama más de 2 días. Por otra parte, en nuestra vida cotidiana hay ciertas posturas o movimientos que desencadenan los síntomas de la artrosis. Es importante evitarlas o si no es posible, hacer descansos regularmente.

 

El frío y el calor son recursos de gran valor en la espondilosis. En general, se sabe que el calor es un agente relajante de la musculatura, y se recomienda su uso antes de realizar actividades físicas. El frío, por el contrario tiene más poder antiinflamatorio y es aconsejable una vez terminados los ejercicios. Aquí puedes leer más sobre el uso del frío y el calor en las enfermedades de espalda.

 

Los tratamientos de fisioterapia son un elemento importante en la lucha contra el dolor de la espondilosis. Los masajes y los estiramientos suaves, y las corrientes eléctricas (TENS) pueden ayudar a relajar las contracturas musculares, disminuir el dolor y movilizar las articulaciones. A pesar de que puedan producir algo de dolor en algunos pacientes, se ha comprobado que tienen efectos positivos a largo plazo. Igualmente, los ejercicios guiados por un fisioterapeuta pueden contribuir a fortalecer la musculatura de la espalda, lo que descarga peso a las articulaciones entre las vértebras (facetarias) y les aporta estabilidad.

 

Por el mismo motivo, el ejercicio físico moderado contribuye a mantener el tono de la musculatura espinal, así como la movilidad de las articulaciones facetarias. Estos factores son de gran importancia para el control a largo plazo del dolor y la rigidez de la espondilosis. Los mejores ejercicios para los pacientes de osteoartritis son los recomendados personalmente por su médico o fisioterapeuta. No obstante, ejercicios aeróbicos de moderado impacto como el caminar, la bicicleta estática y los ejercicios acuáticos o la natación suelen ser adecuados para la mayoría de los pacientes. El Yoga y el Pilates también suelen ser beneficiosos, ya que obligan al estiramiento muscular, el fortalecimiento y la relajación mental.

 

Los medicamentos que forman parte de primera línea de tratamiento son los antiinflamatorios no esteroideos (AINES), los analgésicos y los relajantes musculares. Los antiinflamatorios reducen el dolor y la rigidez articular. Ejemplos de AINES son el ibuprofeno, el naproxeno, la aspirina, el ketoprofeno, diclofenaco, etc. Los efectos secundarios más frecuentes son los problemas digestivos, los cuales dependen de la dosis tomada, y aconsejan añadir un protector gástrico en la mayoría de las ocasiones. El dexketoprofeno ha demostrado tener mejor efecto gastrolesivo. Últimamente se están usando los inhibidores de la ciclooxigensasa 2 (COX-2), los únicos AINES sin efectos secundarios digestivos. En general, en la osteoartritis de columna se recomienda usar los antiinflamatorios durante las crisis y descansar entre ellas. Sin embargo, en muchos casos será necesario la toma de AINES de forma crónica.

 

Otro medicamento muy usado es el paracetamol (también llamado acetaminofen). Aunque el paracetamol no tiene poder antiinflamatorio sí tiene poder analgésico (para el dolor), proporcionando un alivio importante tanto del dolor en reposo como al movimiento o palpación. El paracetamol no es gastrolesivo y además tiene pocos efectos secundarios a la dosis adecuada, aunque se debe tener cuidado en no sobrepasar las dosis recomendadas. Al igual que los AINES, el paracetamol no tiene tolerancia (pérdida de efectividad por un uso continuado) ni crea adicción.

 

Finalmente, otro medicamento usado como tratamiento de primera línea son los relajantes musculares. Estos medicamentos no tienen gran poder antiinflamatorio ni analgésico pero son adecuados para reducir las contracturas musculares (espasmos), muy comunes en artrosis cervicales y lumbares. No son gastrolesivos pero pueden dar somnolencia.

Con una selección de estas medidas de primera línea la mayoría de los pacientes consiguen mantener controlados los síntomas de la osteoartritis de espalda, tanto durante las crisis como con el dolor crónico. Sin embargo, existen otras medidas que pueden aportar beneficios extras a algunos pacientes. La acupuntura es un sistema seguro y según algunos estudios efectivo. Actualmente está siendo adoptado por los propios profesionales sanitarios. El collarín (para la cervicalgia) y el corsé (para la lumbalgia) ayudan temporalmente aportando estabilidad y quitando peso a las vértebras. Sin embargo, no se recomienda su uso por encima de una semana ya que pueden generar debilidad muscular y por tanto dolor al no llevarlos puestos.

 

Cuando las medidas de primera línea no dan resultado se pasa a tratamientos más agresivos, como las infiltraciones de corticoides, también llamadas bloqueos. Las infiltraciones de corticoides pueden ser epidurales o facetarias, y normalmente combinan los corticoides con un analgésico. Otro tratamiento de segunda línea son los derivados opioides, que son analgésicos de gran potencia que deben ser prescritos y controlados por un médico.

 

El tratamiento de las osteoartritis de columna rara vez es quirúrgico. Con las medidas descritas más arriba la mayoría de los pacientes consigue controlar los síntomas. Además, no es infrecuente que la degeneración de las articulaciones entre las vértebras (facetarias) vayan acompañadas de alguna degeneración de los discos intervertebrales. Con los tratamientos descritos podemos controlar simultáneamente el dolor y rigidez producidas por ambas patologías.

 

Como conclusión, el dolor y la rigidez de espalda persistentes deben ser evaluados por un especialista, ya que el diagnóstico correcto es clave para la eficacia del tratamiento. Cuando el diagnóstico es de osteoartritis, la mayoría de los pacientes controlan los síntomas con las terapias de primera línea que son poco invasivas.

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