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Tratamiento de la Escoliosis Idiopática

El tratamiento de la escoliosis idiopática depende básicamente de la probabilidad que tenga la curvatura de progresar, es decir, de seguir inclinándose. Hoy en día es posible conocer con bastante fiabilidad esta probabilidad. En función de ello, el tratamiento puede consistir en mantener una observación sólo, poner un corsé rígido, o realizar una cirugía.

 

Para conocer la probabilidad de que una escoliosis progrese, el médico debe recabar los siguientes parámetros: edad, sexo, años de crecimiento restantes, localización de la curvatura, ángulo de la curvatura y si el niño ha llegado o no a la pubertad. Según estos datos el niño se encuadrará en uno de los grupos estandarizados de pacientes, para los que se sabe la probabilidad de que la escoliosis progrese. En función de ello se escogerá el tratamiento.

 

De todos los parámetros, el más importante es el ángulo de la curvatura. A mayor curvatura en el momento del diagnóstico, mayor probabilidad de que la escoliosis sea progresiva. Si es menor de 25 grados es raro que se necesite un corsé, y si es mayor de 45 grados, está indicada la cirugía. Otro dato importante es la edad de maduración ósea. Ésta se refiere a la capacidad de los huesos para seguir creciendo. Esta capacidad se pierde a edades diferentes para cada persona, y es necesario saber qué capacidad le resta al niño ya que el crecimiento suele contribuir a que la curva progrese. Para determinarla se pueden realizar radiografías de la mano o de la pelvis.

 

Con estos dos datos, ángulo de la curva y edad ósea, prácticamente se puede encuadrar al niño en un grupo de tratamiento. No obstante, los demás parámetros también ayudan: tienen menor probabilidad de progresión los varones, los pacientes de más edad, las escoliosis lumbares y los pacientes que han llegado a la pubertad.

 

Para la inmensa mayoría de pacientes, la decisión de tratamiento estará entre llevar corsé o mantener un simple control de la curvatura. Como hemos dicho, el corsé se suele usar en pacientes con más de 20-25 grados con poca maduración ósea. Su función no es corregir la curvatura actual, sino frenar su progresión. Los corsés suelen estar hechos de plástico a medida y se deben de llevar bastante apretados para que hagan su efecto. Según el caso se deben llevar más o menos horas, siendo frecuente los que se llevan 23 horas al día.

 

Los corsés resultan incómodos y aunque se llevan por debajo de la ropa, suelen dar vergüenza a los niños. Todo esto puede generarles momentos de desánimo o incluso algún problema psicológico al que habrá que prestarle atención. No obstante, es importante recalcar que se deben cumplir las pautas prescritas por el médico, especialmente en cuanto al número de horas y a llevar el corsé bien apretado.

 

En resumen, por debajo de los 45 grados no intentamos corregir la curva sino detenerla con un corsé. Por ello la cuestión principal es si la curva progresará o por el contrario, ya es estable. Sabemos que las escoliosis de menos de 25 grados no suelen progresar. Y entre 25 y 45 tampoco si existe maduración ósea. En estos casos basta con hacer seguimiento. Entre 25 y 45 grados con poca maduración ósea se prescribe un corsé rígido, y por encima de los 45 grados se recomienda acudir a la cirugía.

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