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Tratamiento de las Fracturas de Compresión

El tratamiento de las fracturas de compresión consiste en aplicar medidas conservadoras, y si éstas fallan recurrir a la cirugía. Las medidas conservadoras son reposo, analgésicos e inmovilizar la columna a través de un soporte o un corsé.

 

Aparte de tratar la propia fractura, también se debe tratar la enfermedad de fondo que ha provocado la fragilidad de las vértebras. De éstas, la osteoporosis es la principal causa de las fracturas de compresión.

 

· Leer más sobre el tratamiento de la Osteoporosis

 

La evolución de las fracturas vertebrales de compresión suele ser favorable. La mayoría responde al tratamiento conservador, desapareciendo el dolor y consolidando la fractura. Algunas fracturas tardan tiempo en curar por lo que se recomienda intentar el tratamiento al menos 3 meses, especialmente si el dolor es moderado y aparece sólo con la actividad física.

 

Cuando el tratamiento conservador fracasa debemos recurrir a la cirugía. Se trata de una operación mínimamente invasiva, realizada normalmente en régimen ambulatorio. En algunos casos está recomendado incluso operar directamente sin probar primero con el tratamiento conservador. Por ejemplo cuando el dolor inicial es muy intenso, cuando la fractura es inestable, cuando el hundimiento de la vértebra es progresivo, o cuando por las características del paciente no se pueden aplicar las medidas conservadoras.

La cirugía de las fracturas vertebrales se basa en introducir cemento en el cuerpo de la vértebra hundida, con el objeto de estabilizar la fractura y eliminar el dolor. Las técnicas más frecuentes son la vertebroplastia y la cifoplastia, aunque existen otras técnicas en desarrollo.

 

La vertebroplastia y la cifoplastia son técnicas mínimamente invasivas, es decir, se realizan a través de una pequeña incisión en la piel. La anestesia que se usa será normalmente local con sedación, dejando la anestesia general para algunos casos aislados. Lo más frecuente es que el paciente vuelva a casa el mismo día de la operación, aunque a veces será necesario pasar una noche en el hospital.

 

La vertebroplastia consiste en introducir una aguja hueca, llamada trocar, en el cuerpo vertebral. Una vez allí se inyecta cemento a presión para rellenar el interior de la vértebra. Este cemento es especial y solidifica en unos minutos aportando estabilidad a la zona fracturada. El médico utiliza un monitor de rayos X (llamado fluoroscopia) para guiarse durante todo el proceso, es decir tanto para acceder a la vértebra como para visualizar la inyección del cemento.

 

La cifoplastia es una técnica similar a la vertebroplastia excepto que antes de inyectar el cemento se introduce un globo por la aguja (trocar). El globo se infla a presión de forma que al retirarse queda un espacio libre que será donde se deposite el cemento. En teoría con la cifoplastia es posible recuperar parte de la altura perdida de la vértebra, eliminando la cifosis ("joroba") que produjo la fractura.

 

Aunque no existe en la actualidad un consenso sobre cuándo debe usarse la vertebroplastia o la cifoplastia, la realidad es que ambas técnicas son seguras, efectivas y se vienen usando a diario desde hace varias décadas.

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