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Diagnóstico de la Hernia Discal

El diagnóstico de la hernia discal requiere de un conjunto de datos amplio. Las pruebas de imagen son importantes, pero por sí solas no son suficientes para establecer un diagnóstico definitivo. La historia clínica del paciente, un examen físico en profundidad, y a veces otras pruebas complementarias, completan el conjunto de datos necesario para establecer el diagnóstico.

 

El correcto diagnóstico de una hernia discal comienza por un adecuado reconocimiento médico. Es importante que el médico dedique el tiempo necesario para evaluar los síntomas del paciente, ya que existen varias patologías que cursan de forma muy parecida a la hernia discal.

 

Un dato que ayudará a sospechar de hernia discal es la presencia de una radiculopatía, es decir, una compresión de la raíz nerviosa. Cuando la hernia discal comprime los nervios vecinos éstos normalmente van a dar síntomas irradiados, es decir, en el territorio que inervan. Este territorio normalmente son los hombros y brazos en las hernias cervicales, y los glúteos y piernas en las hernias lumbares. Los síntomas pueden ser muy variados, desde dolor o quemazón hasta calambres, pérdida de sensibilidad o incluso pérdida de fuerza. Según las zonas de las extremidades donde se producen los síntomas, el médico puede sospechar qué raíz nerviosa está afectada.

 

· Ver más sobre los territorios afectados según el disco

 

Otro dato importante del reconocimiento médico es el signo de Lasegue. Con el paciente tumbado boca arriba y las piernas estiradas, el médico levanta una pierna. Si el paciente nota dolor en la pierna se dice que tiene un Lasegue positivo. Mientras se evalúa el signo de Lasegue también se suele evaluar el signo de Bragard. Cuando la pierna está levantada, el médico doblará el pie del paciente hacia la rodilla (flexión dorsal). Si este gesto produce o aumenta el dolor de la pierna se dice que existe un Bragard positivo. Cualquiera de estos signos, cuando son positivos, refleja una compresión de las raíces nerviosas de la pierna evaluada. Esta compresión está probablemente causada, aunque no siempre, por una hernia discal. 

 

Las pruebas de imagen son otro elemento vital para detectar la presencia de una hernia discal. La radiografía simple no detecta con precisión los tejidos blandos (como por ejemplo el disco intervertebral). Sin embargo, puede servir para descartar una fractura vertebral, osteofitos u otras patologías con síntomas parecidos a una hernia discal. Igualmente, el TAC es más útil para descartar otras enfermedades que para diagnosticar una hernia discal, excepto que se haga con contraste, llamado mielografía. Sin embargo, la mielografía es demasiado invasiva, ya que es necesario pinchar la columna para introducir el contraste. La técnica que más se usa es la resonancia magnética, ya que además de precisa no supone la emisión de radiación al paciente. Finalmente, una vez diagnosticada una hernia discal con posible radiculopatía se puede usar la electromiografía para evaluar el estado de los nervios cercanos al disco.

 

Una vez el médico dispone del conjunto de datos formado por historia clínica, exploración física, imágenes y otras pruebas complementarias, entonces estará en disposición de emitir un juicio diagnóstico. Es importante recordar que la presencia de una hernia discal en una resonancia no supone que sea la causante de los síntomas del paciente, pues la hernia discal es un proceso degenerativo frecuente, que no tiene porqué dar síntomas.

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