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EspaldaSalud: Información Médica de la Columna
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Pruebas Diagnósticas

Las pruebas diagnósticas son las técnicas a disposición de los médicos después de explorar al paciente, para detectar la causa del dolor de espalda o cuello. Permiten localizar y medir la zona dañada y ayudan a la hora de tomar decisiones de tratamiento.

En los enfermos de columna, las pruebas diagnósticas más frecuentes son la radiografía simple, la resonancia magnética, el TAC, la mielografía, la electromiografía y la gammagrafía.

 

La mayoría de los dolores de espalda y cuello no se deben a lesiones permanentes, y desaparecen a las pocas semanas de tratamiento conservador (reposo, frío y calor, medicamentos y fisioterapia). Por ello, es recomendable esperar este tiempo antes de prescribir pruebas diagnósticas, excepto si existe una pérdida de fuerza progresiva o una falta de control de los esfínteres.

 

La radiografía es la prueba diagnóstica más empleada, por su sencillez y rapidez. Aporta una información bastante completa en cuanto a los huesos de la columna, es decir, las vértebras. Por ello permite visualizar fracturas (por presión, por traumatismo o espondilolisis), problemas de alineación de la columna (escoliosis o espondilolistesis), o la presencia de osteofitos y otros crecimientos óseos en una osteoartritis o una estenosis espinal. Sin embargo, la radiografía no es muy válida para visualizar los tejidos blandos, por ejemplo los discos, la médula espinal y los nervios.

 

Normalmente se realizan dos radiografías de la misma zona, una de frente y otra lateral, para tener una percepción tridimensional de las imágenes. Debido a que emiten radiación (rayos X), no se deben realizar radiografías en mujeres embarazadas o que puedan estarlo.

 

La resonancia magnética es una técnica muy usada en la columna debido a su altísima precisión y a que no emite radiación. Es especialmente buena para visualizar los tejidos blandos, como los discos, los nervios o la médula, que son muy importantes en las patologías de espalda. A diferencia de la radiografía y el TAC, que emiten rayos X, la resonancia funciona gracias a un enorme imán que detecta los diferentes tipos de tejidos. Para realizar una resonancia nos tumbaremos en una camilla que se desliza hacia el interior de un tubo. Alguna gente puede sentir claustrofobia, para lo que se puede administrar algo de sedación. Otra solución es usar los modelos de resonancia abierta, aunque suelen tener menos resolución. La forma de tubo hace que la gente confunda la resonancia con el TAC, aunque en realidad son muy diferentes.

 

Durante la realización de una resonancia, es normal que escuchemos un golpeteo. La prueba puede durar desde unos minutos a una hora, dependiendo de la zona corporal a estudiar y la potencia del imán. Según la potencia, existen imanes de alto campo (1.5 Teslas o más) y bajo campo (0.25 a 0.5 Teslas). A más potencia, mayor resolución. Dependiendo de la zona o patología a estudiar, puede ser suficiente con bajo campo.

 

Antes de realizarnos una resonancia debemos avisar si tenemos implantado algún objeto metálico (como prótesis, marcapasos o grapas). En cuanto a las embarazadas, la resonancia se puede realizar perfectamente en ellas, al no emitir radiación. Por otra parte, en algunos pacientes es conveniente el uso de contraste. Es muy útil, por ejemplo, en pacientes operados de hernia discal, para distinguir una nueva hernia de la cicatriz que dejó la operación. El contraste se pincha por vía intravenosa durante la realización de la resonancia.

 

El TAC (Tomografía Axial Computarizada), al igual que la resonancia, es una técnica que da imágenes muy precisas y que nos permite hacer cortes transversales de la zona estudiada. Sin embargo, el TAC no funciona con imanes, sino que emite rayos X (como las radiografías). Por eso no se puede usar en embarazadas.

 

Durante el TAC, el paciente se tumba en una camilla que se desliza por un tubo que obtiene múltiples imágenes de rayos X. Estas imágenes son procesadas por un ordenador, lo que nos aporta más precisión que una radiografía (puede detectar pequeñas fracturas) y la posibilidad de hacer cortes transversales (para diagnosticar una estenosis espinal central). Debido a su precisión, el TAC también puede detectar lesiones en las partes blandas, aunque sólo si son voluminosas.

 

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