EspaldaSalud: Información Médica de la Columna
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Discos Artificiales

Los discos artificiales son prótesis diseñadas con el objetivo de sustituir los discos intervertebrales dañados que producen un dolor crónico. La implantación de discos artificiales es una técnica reciente que supone una alternativa a la fusión vertebral en pacientes diagnosticados de enfermedad degenerativa de disco.

 

Los discos artificiales son muy similares a los discos naturales, y están diseñados para suplir su función de movilidad, así como de absorción de impactos. Actualmente se comercializan varios modelos cervicales y varios lumbares. Cada modelo tiene sus características propias, aunque ninguno es capaz de replicar la movilidad natural de la columna, que es bastante compleja. Dependiendo de la zona donde se encuentre el paciente tendrá a su disposición más o menos modelos de discos artificiales. Esta tecnología comenzó en Europa hace más de veinte años, y por tanto, ahí es donde se tienen los datos más antiguos. En Estados Unidos se incorporó hace más de diez años y desde entonces ha sufrido un desarrollo muy importante. Actualmente se realizan este tipo de operaciones en casi todo el planeta.

 

La implantación de discos artificiales no está indicada para cualquier paciente. Idealmente, se debe usar para pacientes de entre 18 y 60 años diagnosticados de enfermedad degenerativa de disco (cervical o lumbar), que afecte a un sólo nivel (en determinadas ocasiones se puede usar cuando la enfermedad afecta a varios niveles de la columna). Otro requisito es que se haya intentado previamente el tratamiento conservador (reposo, medicación, fisioterapia, etc.) durante al menos 6 meses, y no haya dado resultado.

La fusión vertebral es, con diferencia, la opción más frecuente en estos pacientes. Durante una fusión cervical o lumbar se sustituye el disco dañado por un injerto óseo. Este injerto, con el tiempo, fusiona las dos vértebras vecinas y las convierte en un bloque sin movilidad. Por el contrario, los discos artificiales mantienen la movilidad. Por ello no son una buena opción si las articulaciones posteriores de las vértebras (articulaciones facetarias) no están en buenas condiciones, ya que éstas quedan intactas con un disco artificial. Igualmente, si existen otras patologías en la vértebra, aparte de la enfermedad degenerativa de disco (escoliosisespondilolistesis, etc.), tampoco está indicado colocar un disco artificial. Finalmente, se descartará el disco artificial si el paciente sufre osteoporosis, ya que es necesario que haya una buena calidad del hueso.

 

No se ha demostrado que la efectividad de los discos artificiales en quitar el dolor sea mayor que con la fusión. La ventaja está, sobre todo, en que conservan el movimiento. Esto reduce el sobreesfuerzo que las vértebras vecinas a las fusionadas deben hacer para compensar la falta de movilidad. No está del todo claro si este sobreesfuerzo de la fusión contribuye a una mayor degeneración de las vértebras vecinas. Tampoco ha pasado tiempo suficiente para saber si los discos artificiales reducen esta degeneración.

 

Otras ventajas de los discos artificiales respecto a la fusión son que la recuperación es más corta y que no es necesario obtener hueso de la pelvis del paciente. Algunas desventajas son el ser una técnica menos probada que la fusión, el escaso número de cirujanos con experiencia en discos artificiales, la posible no cobertura por aseguradoras de salud, y la incertidumbre sobre la duración de la prótesis (especialmente cuando se implanta en pacientes de 30 o 40 años).

El procedimiento de colocación de un disco artificial es muy parecido al de una fusión. La vía de entrada es anterior, por delante del cuello o del abdomen. Posteriormente, se apartan los órganos hasta llegar a la parte anterior de la columna, donde se extraerá el disco dañado y se colocará el disco artificial. Las complicaciones son las propias de una cirugía anterior, donde se pueden dañar los órganos al separarlos. Además, la fijación de la prótesis puede ser incorrecta, ya que no es fácil saber el punto exacto donde coincide con el eje de movimiento de la columna. Posteriormente a la operación, existe la posibilidad de que el disco se hunda en la vértebras donde está fijado, ya que su material es más duro que el hueso de los cuerpos vertebrales.

 

En definitiva, los discos artificiales son actualmente una opción quirúrgica restringida a un grupo de pacientes, pues como hemos visto, su patología debe cumplir unas condiciones muy concretas. Además debe existir disponibilidad de las prótesis en su región, así como de cirujanos específicamente adiestrados para colocarlas. Sin embargo, el futuro parece prometedor para esta técnica. De hecho, actualmente existen muchas prótesis en investigación, y no sería raro que con el tiempo se conviertan en el estándar de tratamiento de los problemas discales, como ya ocurrió con las prótesis de rodilla o cadera.

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