EspaldaSalud: Información Médica de la Columna
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Collarín y Corsé

Los collarines y los corsés son tratamientos que se usan con frecuencia en las patologías de columna. Nuestro médico puede referirse a ellos como ortesis, que son los dispositivos externos aplicados al cuerpo para mejorar sus funciones. A diferencia de las prótesis, las ortesis no pretenden sustituir partes del cuerpo, sino reforzar sus funciones.

 

Existen distintos tipos de ortesis para la columna y se pueden usar para situaciones muy distintas, desde dolores leves hasta patologías severas. Las ortesis de columna más frecuentes son el collarín cervical y el corsé.

 

Uno de los principales usos del collarín o del corsé es quitar el dolor. Es frecuente que las patologías de espalda produzcan dolor con el movimiento. Los collarines y los corsés son capaces de reducir el dolor limitando la capacidad de movimiento de la columna en la zona lesionada.

 

Además, los músculos del cuello o de la espalda suelen estar contraídos, precisamente para fijar la columna y evitar el dolor del movimiento. Esta contractura por sí misma también puede generar dolor. Los collarines y los corsés pueden controlar el dolor producido por la contractura, ya que al disminuir el dolor producido por el movimiento, los músculos tienden a relajarse de nuevo.

 

Otro uso frecuente del collarín y del corsé es estabilizar una zona, ya sea porque existe una situación de gran inestabilidad (por ejemplo fracturas o una espondilolistesis), o bien tras la realización de una cirugía (para inmovilizar la zona y facilitar la regeneración de los tejidos).

 

Finalmente, también se pueden usar las ortesis para corregir o prevenir una deformidad. El caso más representativo es la escoliosis.

 

En cuanto a los collarines cervicales debemos saber que existen distintos modelos, según abarquen más o menos zona cervical, torácica y mandibular. Además, dependiendo del material usado ofrecen distinto grado de inmovilización. En general se pueden clasificar en rígidos, semirrígidos y flexibles. Los flexibles suelen ser de gomaespuma y permiten cierto grado de movimiento. Los rígidos suelen ser de polietileno y ofrecen un mayor grado de inmovilización. En la foto de abajo podemos ver un ejemplo de collarín rígido de polietileno.

En cuanto a los corsés, también pueden ser rígidos o elásticos. Los elásticos suelen ser de tela. Los que se usan para la zona lumbar normalmente abarcan también parte de la zona torácica y del sacro. Los corsés se pueden usar para muchas patologías, siendo frecuente la enfermedad degenerativa de disco, golpes, fracturas o escoliosis. También son frecuentes tras la cirugía.

 

Los corsés no sólo aportan estabilidad a la columna, sino que son capaces de reducir el peso que soporta. Esto lo consiguen al incrementar la presión del abdomen, haciendo que éste cargue con parte del peso corporal. Esto alivia la presión a la que están sometidos discos intervertebrales, vértebras y otras estructuras.

 

En definitiva, los collarines y los corsés constituyen una opción de tratamiento útil, pero también poco estandarizada. Esto se debe a la variedad de diseños y materiales, así como al número de patologías en las que se usan. De ahí que la duración de los tratamientos pueda ser muy variable en cada caso. Por ello, que debamos prestar atención a las instrucciones del médico para nuestro caso en concreto.

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